Propuesta para un Mayor Disfrute de Jovatus

Propuesta para un Mayor Disfrute de Jovatus

Durante una jornada en que se juegan dos set, tal como en nuestros miércoles, las pelotas que pican tan próximas a un fleje como para que el lugar preciso de lugar a dudas, no son más que dos o tres.

Puede estimarse que, en cada tanto, la pelota viaja de un lado a otro de la red seis a ocho veces y que, típicamente, ocho son los tantos que se juegan en cada game. Además, se juegan alrededor de diez games por set, es decir unos veinte entre los dos. Integrando estos números, entre los dos set va y viene la pelota unas 1.120 veces de las cuales dos o tres generan dudas sobre si fueron buenas o malas y para quien, es decir el 2,5 por mil de los tantos.

Si nos atribuimos razón en la mitad de los casos dudosos, estaremos en lo cierto el uno o dos por mil de las veces, igual que nuestro oponente. Es decir, entre las veces que estamos en lo cierto y las que estamos equivocados la diferencia es 0.

Incluso si fuéramos infalibles en nuestra apreciación, tal como si tuviéramos un Ojo de Halcón interno y nuestro oponente se equivocara siempre, el porcentaje de incidencia en la jornada, sería de partes por mil, es decir despreciable.

Lo que no es despreciable es el daño que hacemos y nos hacemos al afectar la relación con nuestros amigos. Cada uno de los episodios que se discuten va generando melladuras, como pequeñas lesiones que cicatrizan, pero que en el trascurso de los años desgastan en lugar de enriquecer las amistades.

El tenis es un juego y como tal, da la oportunidad de sublimar tensiones, agresividad, violencia, impulso de vencer a quien sea nuestro rival y otros deseos no muy bien vistos a nivel social, pero que son parte de nuestra condición humana. Esa lucha simbólica es muy fuerte, lo que exige desde la ética y desde la cultura, poner empeño en que sea correcta y justa. Así es que en los torneos relevantes, los organizadores recurren a la intervención de hasta seis jueces, además del moderno Ojo de Halcón.

Pero sin todo eso, ya desde su origen, gente inteligente encontró y aplicó como criterio, que él o los jugadores que determinen el resultado de cada tanto, sean quienes estén del lado del pique, debiendo los jugadores del lado opuesto OMITIR su opinión en TODOS LOS CASOS evitando incluso comentarios o acciones que puedan significar presiones para quienes les toca dictaminar si la pelota ha sido buena o mala.

Se supone que en las pelotas dudosas nos equivocamos tantas veces como acertamos, siendo que lo mismo ocurre a su turno en el campo opuesto. Es decir, los errores y aciertos se equilibran en forma natural en el tiempo.

Claro, esta mecánica es de imposible aplicación si los jugadores no se someten absolutamente a la norma. Emitir opinión sobre los piques en el área del oponente arruina totalmente un acuerdo de este tipo. Incluso cuando se suponga un error grosero en lo observado en el área opuesta, la rigurosidad de la norma debe seguir vigente, ya que habrá otras pelotas y otros errores en el transcurso del juego y por un cálculo probabilístico elemental, surge que las desviaciones de ambos lados computadas, tienden a 0.

Propongo entonces tratar lo expuesto como tema y eventualmente someter a votación su aplicación a título de ensayo.

Me mueve a realizar esta propuesta, el afecto que nos vincula y el entendimiento que JOVATUS es una entidad viva, susceptible de ser mejorada. Creo además que lo expresado en nuestro Manifiesto es nuestra real voluntad y entiendo que tenemos la responsabilidad de entregarla a quienes nos sucedan mejor aún que como la recibimos.

Carlos Uberto.